jueves, 12 de abril de 2012

En el país de Nunca Jamás



Estimados ciudadanos del mundo, si tenéis unos minutos y os aprestáis a escuchar mi historia puedo prometer que, si bien no dejaré una huella significativa en vuestras vidas, es probable que os echéis unas risas a costa de lo absurdo o derraméis alguna lágrima imaginando lo que nos espera.

Veréis… hace ya unos años caminaba alegremente hacia una de la oficinas de la Caixa Penedés donde a buen recaudo, al menos eso pensaba, depositaba mis nóminas desde hacía ya unas cuatro primaveras. Cartilla en mano y sonrisa en el rostro me dispuse a consultar el saldo de mis ahorros. << ¡Tres euros con ochenta!>>. No era aquella la suma que yo había ahorrado sino la que reflejaba la cartilla. Comprobé asustado, gracias a la impresión de los extractos, que alguien había estado viviendo una gran vida a costa de los escasos trescientos euros a los que subía el auténtico monto de mi fortuna. Gastos ajenos a mí entre los que se contaban billetes de tren, compras en oficinas cuya referencia aún desconozco (algunas, en cambio, son de empresas sonadas), y tantas otras acciones que acabaron por menguar mis, ya de por sí solos, mermados ahorros. Quien fuera esa persona que me había robado estaba claro que rentabilizaba el dinero mejor que yo. Si algún día le encuentro procuraré no asestarle el golpe definitivo hasta sonsacarle sus conocimientos financieros.

Mi primera acción fue denunciar el robo ante la entidad financiera que descuidaba mi dinero. Por si alguno ha olvidado cuál era su nombre, lo repetiré: Caixa Penedés. ¡Sí! La que tiene por logotipo un racimo de uvas cuyo simbolismo no entendí hasta el día en que fui a presentar mi denuncia.  Aquellos tipos del banco deberían ser fanáticos del vino de mesa pues no entiendo que estando sobrios me despacharan alegando que yo era el que había realizado esas compras por internet con una tarjeta de débito que, dicho sea de paso, aún no había tenido tiempo de estrenar. Esa tarjeta jamás había salido de mi cartera y puesto que soy reticente a probar tanto el vino como las drogas, sentí improcedente mirar de manera acusativa a  dicha cartera. <<No… Definitivamente el robo tuvo que haber sido perpetrado por un ser humano>>.

Con este pensamiento, mi señora esposa y yo nos dirigimos a denunciar el atraco en una de las oficinas de la Policía Nacional. Perdonad… como no soy afecto a los anonimatos os contaré que dicha oficina se encontraba en la ciudad de Sant Feliu de Llobregat, en la provincia de Barcelona.  Ellos tomaron mi declaración y prontamente se dispusieron a archivarla en algún sitio en el que nadie, nunca, pudiese encontrarla jamás. De otro modo no entiendo como cinco años después sigo sin saber absolutamente nada de un asunto que con sus medios, y dada la naturaleza del problema, hubiese sido muy fácil solventar.

Despojado de todo mi dinero, tuve que pedir un adelanto de sueldo a la empresa para la que trabajaba. Gracias a mi suegro, quien cada mes confiaba una nómina relativamente alta a la Caixa Penedés, los directivos de la entidad decidieron que sacarían más beneficios devolviéndome mi fortuna que perdiendo a un cliente como él. La ironía del destino fue que al poco tiempo le perdieron de todas formas. Todos le perdimos puesto que desgraciadamente falleció.

Sobre el asunto del robo jamás me dieron explicaciones. Nunca supe quién había sustraído mis ahorros a pesar de que era fácil cotejar los extractos de mi cartilla con los datos de las empresas en que se habían realizado las compras. Al fin y al cabo el ladrón tuvo que personarse para recibir los beneficios de sus compras, en especial los billetes de tren.

En total, mi esposa y yo estuvimos dos semanas sin disponer de nuestro dinero. Jamás recibimos del banco una compensación económica por los perjuicios que nos causaron. Ni una disculpa y, como ya he mencionado, tampoco una explicación. Si seguimos como clientes de aquella entidad fue porque no creímos (ni creemos) que las otras fuesen mejores. Allí, al menos, podíamos ejercer el peso de todos los familiares que constaban como clientes.

Situaciones similares, aunque menos graves, siguieron sucediéndose. Por hacer una rápida mención a algunas de ellas os diré que un día el cajero me dispensó un billete de cincuenta euros falsos. Luego de una extensa discusión y de exponer mis alegatos, los empleados de la Caixa Penedés tuvieron que concluir que efectivamente el billete tenía que haber salido de su cajero. ¿Por qué motivo? Los billetes falsos que ellos reciben son marcados de una forma especial que un cliente como yo no podía conocer ni por supuesto duplicar. Alguno de los empleados de la entidad bancaria había tenido que introducir en el cajero dicho billete.  

Otro día le ingresé a mi hija cincuenta euros en su cartilla personal. Recuerdo claramente haber metido ese dinero en un sobre alargado que el cajero se tragó ansiosamente y por el que me dispensó un recibo con el día y la hora de la transacción. El ingreso, a diferencia de en otras entidades bancarias, no aparecería reflejado en la cartilla hasta que un empleado de la Caixa Penedés corroborara que efectivamente yo había hecho el depósito. <<Otra vez…>> pensé al día siguiente cuando comprobé que no habían confirmado dicho ingreso. Tampoco lo hicieron al segundo día, ni al tercero, a pesar de ser todos ellos días laborables. Fue entonces, al tercer día, cuando me levanté de entre los indignados. Estoy seguro que si hubiese cortado la garganta del tipo que me atendió en el banco hubiese llenado el suelo de horchata en lugar de sangre. Menos mal que mi instinto asesino se limita a deshuesar el pollo para la cena. La única explicación de los lentos movimientos de ese tipejo, casi ingrávidos, debía ser lo espeso del cual fuere el líquido que se arrastraba dificultosamente por sus venas. Tres veces me preguntó qué día había hecho el ingreso hasta que le invité a comprobar por su propia cuenta ese dato en el recibo que hacía cinco minutos le había extendido. Todo, por supuesto, si el señor sabía leer. Luego de que me dijera unas tres veces que “No. Es imposible. ¡Aquí no hay nada!”, y al ver mi cara contracturada de rabia, decidió callarse y escucharme. Le expliqué que en el recibo constaba un número que correspondía al sobre en el que yo había hecho el ingreso. Siendo así solo podía haber pasado una de tres cosas: A) Tenía que aparecer el sobre referenciado, con mi dinero.  B) Debía aparecer el sobre referenciado, vacío. C) No aparecería el sobre en cuestión. Dada la primera opción el problema quedaría zanjado rápidamente. De sucederse la “B” sabríamos que alguien había quitado el dinero del sobre o que yo estaba intentando timar al banco. La última opción, en cambio, dejaría la responsabilidad exclusivamente en ellos, puesto que yo tenía un recibo que aseguraba su ingreso en el cajero. No sé cuál de las opciones encajó finalmente en la realidad del problema pues a los cinco minutos me devolvieron el dinero diciendo que se había cometido un “fallo técnico” que no me especificaron. <<Fallo Técnico… ¿de alto secreto?>> Me despedí del empleado del banco mientras dudaba si había confiado mi dinero a la Caixa Penedés o a la CIA.

Podría seguir contándoos cosas de estas durante otras tres páginas, pero resumiendo se me ocurren estas: Los días que el cajero no tuvo dinero para dispensarme. La vez que tuve que dejar un armario, dos sillas de escritorio, un florero, cuatro marcos de fotos y tres bolsas de popurrí perfumado, en la caja del Ikea porque, según me explicaron más tarde los fenómenos de la Caixa Penedés, había un error en la activación de mi nueva tarjeta de débito. Obviamente la anterior, a la vista de los hechos, la había cancelado hacía tiempo. En todas esas ocasiones, nunca recibí unas disculpas y mucho menos una remuneración económica en concepto de interés por el tiempo que estuve sin disponer de mi dinero.

¿Por qué os cuento todo esto? En breve lo entenderéis. Hace ya un tiempo,  en un intento de mejorar la situación económica de la familia, mi esposa y yo decidimos emprender una aventura en otro país cuyo nombre no me sonsacaréis. Por cierto: saludos a todos mis compatriotas argentinos. El caso es que para financiar nuestra aventura tuvimos que echar mano de algo que jamás habíamos pensado que alguna vez tendríamos: una tarjeta de crédito. Les resumiré que nuestras andanzas por aquel país no salieron como esperábamos (Quisiera aprovechar para hacer mención especial al esfuerzo continuo de tantos banqueros, políticos  y pseudo-intelectuales de Argentina afanados en probar la teoría de la involución. No os durmáis en la carrera pues en España también tenemos eruditos que nos hacen dar zancadas en este campo).

El caso es que regresamos a la tierra de mi mujer e hija y alquilamos un modesto piso cerca de nuestra oficina amiga de la Caixa Penedés. Ya sabéis aquello de “mantén a tus amigos cerca y a la Caixa Penedés aún más cerca”. En la actualidad seguimos pagando el precio de la aventura en una cómoda financiación mensual y con unos intereses que han casi duplicado el precio original de la correría.

 Ahora me encuentro sin trabajo. Mi familia se sostiene gracias al sueldo que la empresa de trabajo temporal paga a mi mujer por sus servicios. Por este motivo supimos enseguida que este mes nos atrasaríamos dos o tres días, lo que tardaran en ingresar la nómina de mi esposa, en disponer del dinero para pagar la mensualidad  de la tarjeta. A sabiendas de ello tuve a bien acercarme a la oficina bancaria amiga para pedirles encarecidamente que me atrasasen unos días la fecha de pago. “No se puede”. Me dijo la empleada nueva. <<Cada vez los buscan más simpáticos y habladores>> Pensé yo. Le  agradecí sus explicaciones, sonreí y me despedí. <<Diez minutos en la cola y siete segundos en el mostrador>>

En la fecha señalada me quedé con la cuenta al descubierto y tres días después el señor Penedés recuperó su dinero más treinta y cinco euros que se cobró en concepto de “COM.GEST.DESCOB/IMPG”. Al principio pensé que me estaban insultando en idioma klingon pero enseguida comprendí que se trataba de una rebuscada manera de indicar que me estaban multando por los tres días que tardé en pagar la mensualidad. Puedo imaginar la cara de este señor magnate cuando se levantó aquella mañana y descubrió que en su cartilla faltaban los doscientos cuarenta y cinco euros que yo tenía que abonarle. Ese día en lugar de pollo al ast solo comió pa amb tomàquet pero sin tomate ni aceite. O sea que, de puro precavido, aquel mediodía apenas se metió en el estómago el pan de oferta que venden en el Mercadona. Viéndolo así entiendo perfectamente que su entidad me multe por haber tardado tres días en abonar mi deuda. Lo digo sin ánimo de sarcasmo. Lo que no entiendo y os pido por favor que me ayudéis a razonar es: ¿Por qué motivo no ha pensado el señor Penedés en mí cuando me robó el dinero, me quiso colar un billete falso, me dejó tirado en el Ikea con la compra y las tantas veces que en su cajero no había suficiente dinero para  abastecer a todos los clientes, entre ellos yo mismo? Sólo el primero de los problemas que esta entidad me provocó me tuvo aproximadamente un mes sin mi dinero. ¿Dónde están los intereses que la Caixa Penedés me debe a mí? ¿Os parece esto justicia? ¿Creéis que sólo se trata de cambiar de banco? Ya he probado con otros, al tiempo que seguía con la Caixa Penedés, y he tenido inconvenientes similares. El problema no es que existan los bancos o las cajas de ahorro. Entiendo que sirven como una forma de organización social que podría ser tan útil como cualquier otra siempre que su ejercicio esté realmente destinado a mejorar la calidad de vida de TODOS los ciudadanos. Que las intenciones sean las de beneficiar a unos pocos a costa de la prosperidad del resto es el auténtico problema. No podemos dejar que estas entidades hagan lo que les apetezca y mucho menos que determinen el curso de la vida política y social de los pueblos.

Algunos habréis notado que me he referido a la Caixa Penedés como un “banco”. Soy consciente de la diferencia entre un banco y una caja de ahorro (o “caixa de estalvis”, en catalán). En resumidas cuentas los bancos son entidades que legalmente pueden hacer uso de sus beneficios como mejor les parezca. Las cajas de ahorro, sin embargo, son supuestamente entidades sin ánimo de lucro. Tienen la obligación legal de utilizar el 50% de sus beneficios en obras sociales. En un principio las cajas de ahorro surgieron como alternativa para luchar contra la usura. Sin embargo los intereses que empresas como la Caixa Penedés cobran por sus préstamos (lo que por supuesto incluye el uso sus tarjetas de crédito) es igual de obsceno que el de cualquier banco. No considero, entonces, que esta clase de entidades protejan a la ciudadanía de ninguna usura.  Hallo más correcto afirmar que la ejercen y la promueven. En este sentido me refiero a las cajas de ahorros como bancos. La práctica de la usura es la que convierte estas entidades en enemigas del bienestar de los pueblos. Por lo visto tampoco podemos confiar en quienes deberían regular su ejercicio porque ellos mismos tienen intereses en estas empresas. De no ser así me pregunto entonces por qué los contratos de afiliación solo cubren la espalda de los bancos y dejan la mía al descubierto. ¿Por qué debo abonar cuotas de mantenimiento por permitir que mi dinero, lejos de estar guardado, esté apostado en inversiones de las cuales no percibo ningún beneficio y sí un riesgo de perjuicio en caso de que el banco quiebre? ¿Por qué se protege sus intereses por encima de instituciones como la educación y la sanidad públicas? ¿Por qué la sociedad me obliga a tener cuentas con alguna entidad bancaria a la hora de cobrar mis nóminas?

Ahora me pregunto… ¿debieron opinar sobre el tema las personas que, presentes mientras yo contaba todo esto en la oficina del banco, observaban con una sonrisa en el rostro? <<No. Imposible… -pensarían- … está ese enano insomne que vive dentro del cajero, el que estampa los billetes. Ese nunca, jamás, me va a fallar justamente a mí>> Lo pregunto sinceramente porque quizás lo mejor sea que cada uno se ocupe de sus propios asuntos. En respuesta a ello se me viene a la mente, una vez más, aquel poema de Martín Niemöller:

“Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista.

Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío.

Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista.

Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante.

Luego vinieron por mí pero, para entonces, ya no quedaba nadie que dijera nada".

      Amigos míos… con vuestro permiso me retiraré al cuarto de ducha a meditar sobre el asunto mientras me baño. Quizás inspirado por el vaho del agua caliente y el olor a deposiciones que esporádicamente emana de las cloacas del edificio pueda, finalmente, entender esta sociedad de mierda que hemos creado los hombres.


 
DEVUÉLVANME EL CEREBRO



NOTA FINAL: Hoy he aludido muy brevemente a la situación social de Argentina como modelo de lo que pueden esperar otros países que lentamente se acercan a una realidad muy parecida a la del pueblo austral, sino peor. El profundo caos en el que están sumidas naciones como la mencionada se ha gestado de manera tan progresiva que es muy difícil apreciarlo en todo su esplendor si no se ha experimentado jamás otro modelo de vida. El pueblo se acostumbra a vivir con la inseguridad, la precariedad, la dificultad. De pronto ya no es capaz de ver qué tanto ha bajado su nivel de vida sencillamente porque no tiene con qué compararlo.  Por este motivo creo importante que caigamos en la cuenta, de una vez por todas, que poner nuestras esperanzas en cualquier ideología política no es la solución. Debemos encontrar la mejor manera de exigir, a quien sea el representante del pueblo, que tenga la capacidad de mantener una política de estado dedicada al beneficio de los ciudadanos. Política que debe tener continuidad más allá del servidor que ocupe la silla presidencial. El pueblo debe aprender a ganar protagonismo frente a sus representantes, sean estos del partido político que sean. Estamos perdiendo ese poder gracias a nuestro egoísmo y abulia. ¿Cómo recuperarlo? Con unión, esfuerzo y conciencia. Cuidando la espalda de nuestro compañero antes que la propia. Actuando contra las injusticias, nos afecten o no directamente. Leyendo. Cultivando nuestras mentes con todo tipo de arte. Empezando a abandonar los sistemas que promueven la usura. El momento de poner manos a la obra es ahora, mientras aún quedamos muchos capaces de vislumbrar el problema al margen de la realidad que nos venden.
Deseo lo mejor tanto al país que me ha visto nacer como al que me ha acogido. También al resto de las naciones. Por ello recordad, todos, que ninguno vivimos en el país de Nunca Jamás y lo que a mí me sucedió podría, el día menos pensado, pasarte a TÍ.





Agradecimientos: Sin dudarlo al Tío Sam que ha decidido presentarse voluntario (Qué ironía ¿no?) para servir a una labor más noble que las asentadas en su expediente.

______________________________________________________________________________

Glosario:

Pollo al ast: Pollo al spiedo o pollo asado.

Pa amb tomàquet: Comida típica catalana que consiste en pan untado con tomate y aceite.

Ikea: Gran superficie, de capital sueco, dedicada al comercio de muebles y artículos del hogar en general.

Mercadona: Supermercado de origen valenciano (Tavernes Blanques).


Idioma Klingon: Lengua propia del pueblo Klingon en el universo de Star Trek (Viaje a las estrellas).


lunes, 15 de agosto de 2011

El Gatopardo: de cazadores a presas

            Pensaba acerca de estos vídeos documentales, libros, series de televisión, películas, nuevas filosofías muy difundidas últimamente por la red y los principales medios de comunicación, que ponen de manifiesto el emergente caos social y la inminente necesidad de un cambio brusco en el sistema. Tales filosofías apuntan a la desestructuración de la sociedad actual basada en el capitalismo, la explotación desmedida de los recursos naturales y la esclavitud de un elevado porcentaje de personas que sobreviven en deplorables condiciones de vida, víctimas de los mercados de valores en los que se decide por el bien del sistema económico en lugar de por el bien de la población mundial.

            Teniendo en cuenta todo esto podríamos pensar que estas nuevas corrientes de pensamiento son la clave para una evolución positiva de la sociedad. Sin embargo es hora de empezar a reflexionar acerca de lo que se oculta detrás de este movimiento para evitar caer como presas de un engaño aún peor del que sufrimos actualmente.

            Ahora me gustaría que prestemos especial atención a lo que sigue. Es extremadamente importante que el siguiente conocimiento no se pierda en el mar de pensamientos e información almacenados en nuestras cabezas pues es muy probable que de ello dependa el que seamos capaces de reconocer las verdaderas estrategias de control de masas con las que se manejan quienes descansan en lo alto de la pirámide social. La restructuración del sistema, en pos de solucionar los problemas mencionados al comienzo del texto, es sumamente necesaria. Por ello debemos asegurarnos que quienes nos venden estas soluciones no lo hagan con oscuras intenciones bajo el abrigo.

            Cuando se pone de manifiesto una forma de control tan evidente y esclavista, como la dibujada en estas nuevas corrientes de pensamiento de las que hemos hablado, es inevitable que más tarde o más temprano surjan disidentes, rebeldes. De hecho es parte de nuestra naturaleza revelarnos contra aquello que nos oprime cuando somos verdaderamente conscientes del abuso. Es por este motivo que las mejores formas de control son las que se ocultan bajo las máscaras de la libertad. Aquellos que, ocultos del escenario político, guardan control sobre el destino de los pueblos, son conscientes de este conocimiento y jamás permitirían que se pusiera de manifiesto sus planes, como en el caso de los villanos de la tele, de una manera tan masiva y evidente. No subestimemos al enemigo. Por tanto es probable que urdir planes tan extremistas como, por ejemplo, los planteados en Blue Beam Project o en las teorías de Bob Dean, no sean una opción viable para ellos. ¿Por qué razón? Sencillamente porque serían incapaces de hacer frente a la oposición que, sin la menor duda, surgiría como consecuencia. Los oprimidos formamos un gran porcentaje de la sociedad en comparación con nuestros señores gobernantes. Si bien pienso que la mitad de nuestros cerebros son propiedad de la estructura social que nos ha mantenido y aún continúa teniéndonos cautivos, no creo que haya que caer en el error de subestimar al pueblo, ni a su inteligencia. Si ellos no lo hacen, no lo hagamos tampoco nosotros. Analicemos entonces de qué manera se consigue el verdadero control, aquel que, como ya he dicho, disfrazado de libertad aparece como un movimiento surgido del pueblo cuando en realidad es parte de una estrategia de control  bien estructurada con un leve porcentaje de variables que podrían conducir al error.

            Es bien sabido que nada dura para siempre. Así como en la naturaleza todo tiene su ciclo vital, su principio y su fin, lo mismo sucede con las políticas y las civilizaciones. Existe un término, utilizado en ciencias políticas, denominado “gatopardismo”, acuñado en relación a una frase paradójica que aparece en una novela titulada “Il Gattopardo”, escrita por Giuseppe Tomasi a mediados del siglo XX. La idea de esta frase y del término “gatopardismo” es la de que “todo debe cambiar para que nada cambie”. Se refiere a los esfuerzos políticos de los gobernantes por fluir junto a las corrientes de cambio o revolucionarias en pos de continuar manteniendo su posición de poder. Dicho de otra manera, lo que debemos entender es que todo sistema de control es perecedero y quien quiera seguir manteniendo una posición de poder sobre los elementos del sistema debe saber adaptarse a los cambios y utilizarlos en su propio beneficio. Los cambios siempre surgen y quien puede predecirlos posee el mismo poder que quien puede generarlos.

Il Gattopardo  (extractos de las citas originales donde aparece esta idea)

“[…] Si queremos que todo siga como está, es preciso que todo cambie. ¿Me explico? […]”


“[…] ¿Y qué ocurriría entonces? ¡Bah! Negociaciones punteadas con inocuos tiros de fusil, y luego todo seguirá igual pero todo estará cambiado […]”


“[…] una de esas batallas que se libran hasta que todo queda como estuvo […]”



            Resulta curioso que esta clase de estratagemas formen parte de las enseñanzas de aquellas carreras que estudian quienes nos gobiernan. Sin embargo lo que verdaderamente me cuesta concebir es que, a sabiendas de las engañosas reglas del juego político, decidamos apostar nuestro propio destino y el de nuestros hijos en este juego.

  
          Si bien es cierto que, tal cual queda reflejado en estas nuevas corrientes de pensamiento, los métodos de control masivo se han manifestado en forma de religiones y, actualmente, por medio de la deuda y las transacciones fraudulentas de las entidades bancarias, esto no significa que este sistema de control vaya a perdurar por siempre. Mucho menos podemos figurarnos que vaya a llegar a los extremos que nos están señalando o sugiriendo. Aún cuando considero que es posible que los gobiernos tengan la capacidad de llevarnos hacia esos límites y materializar las terroríficas formas de control que se vaticinan, difícilmente creo que sea factible mantenernos allí por mucho tiempo. En cuanto nos sintiésemos atrapados, nuestros instintos primarios, y no necesariamente nuestra capacidad de razonamiento, nos conducirían a presentar batalla. Todo buen líder y por tanto cualquier gobierno poderoso sabe que la mejor batalla es aquella que logras evitar.

Conclusión:

            Quienes sean aquellos que descansan en la cúspide de la pirámide, ese porcentaje tan pequeño de personas, si puede llamárseles así, que poseen el control sobre el destino del pueblo, saben que el actual sistema social se tambalea peligrosamente. Ellos comprenden que el cambio es tan necesario como inminente. Son ellos mismos quienes atentan deliberadamente contra el sistema, en consonancia con su declive natural, para mostrarse como los salvadores o libertadores del pueblo en pos de seguir manteniendo el control. Son ellos, y no nosotros, las mentes pensantes detrás del nuevo sistema emergente que la gente apoyará creyéndole producto de la revolución que exigen.

            ¿Creéis que esto no está sucediendo ahora mismo? Pensad en los últimos movimientos sociales de Egipto, España, Grecia… ¿seguimos enumerando? Con o sin violencia la gente se manifiesta con sus mejores intenciones pero con poca conciencia de lo que verdaderamente van a conseguir. ¿Cuál es entonces la solución? Teniendo en cuenta que detrás de cada revolución y cada revolucionario aparecerá la imperecedera mano guía de aquellos que siempre han gobernado y que NO están dispuestos a abandonar el poder, lo mejor que podemos hacer es evitar caer en las garras del miedo y la ignorancia. Así como tampoco sucumbir presas de los pensamientos condescendientes y estáticos que masturban el cerebro con esperanzas de un futuro idílico donde las penas y los conflictos desaparecen.

            En su lugar os propongo aprender a ser pacientes, cultivar nuestras mentes, formarnos con absolutamente todas las filosofías y posturas que nos regala la historia. El conocimiento es poder. Poder para crear y saber fluir con los cambios que se escapan a nuestro control. Capacidad para saber exigir con conciencia de aquello que se reclama y de sus posibles consecuencias. Debemos, por tanto, luchar en contra de los sistemas centralizados de educación. Mantener la mente abierta. No condenar las opiniones de nuestros semejantes sino utilizarlas para aumentar nuestro caudal de conocimiento. Crecer, progresar, como individuos y como grupo, hasta conseguir acortar el espacio que nos separa de los que se esconden detrás del escenario de este gran teatro de títeres. Posicionarnos junto a ellos, y no frente a sus intermediarios, debe ser nuestro objetivo. Lo que siga tras alcanzar este propósito lo decidiremos juntos. No obstante, solo una cosa tengo por segura: bajo ninguna circunstancia debemos permitir que ellos vuelvan a gobernar.
           
            Devuélvanme el cerebro… lo necesito para hacerme responsable de mi propio destino.

Leandro G. Baraglia

miércoles, 3 de agosto de 2011

El destino de nuestra cultura

 
            Hoy hablaré sobre el Proyecto Venus, la serie de documentales de Zeitgeist y los movimientos pro-gobierno mundial. Como algunos sabréis, no hace mucho tiempo este blog recomendaba visitar la página del señor Jack Fresco, fundador de Venus Project, y el website oficial de los documentales Zeitgeist concebidos como una parte fundamental de este proyecto, en concreto una parte destinada a la preparación psicológica de las personas para comprender y aceptar el modelo de sociedad que nos plantea el señor Fresco.

            Desde entonces no he dejado de investigar acerca de este proyecto y actualmente me he encontrado con las críticas, comprensibles y justificadas,  de ciertas personas que ponen en duda el verdadero propósito de este proyecto. En las próximas líneas no intentaré reforzar o dar validez a la opinión de esas personas como tampoco lo haré con las ideas que plantea el proyecto Venus. Mi auténtico propósito es exponer, brevemente, las ideas de ambos extremos a fin de que podamos hacer una reflexión y, quién sabe, sacar alguna conclusión al respecto.

            Para quienes no conozcan las ideas del proyecto Venus las resumiré dejando de lado los aspectos técnicos que las sostienen y que, en última instancia, son el engranaje principal para materializarlas.  Quienes deseen conocer a fondo este proyecto pueden hacerlo entrando en su website. (El contenido está disponible en varios idiomas, incluido el español.)

            Venus Project es la iniciativa de un diseñador industrial llamado Jack Fresco y cuya residencia actual está en Venus, California. Se dice de este señor que es también un “ingeniero social” y es aquí donde uno puede empezar a preguntarse en qué consiste esta profesión. No es difícil establecer una analogía que rápidamente explique la tarea de un ingeniero social: si un arquitecto diseña y establece la infraestructura de un edificio, un ingeniero social es el arquitecto que diseña y establece la infraestructura de un sistema social incluyendo, claro está, a los seres humanos que lo conforman. Esto significa determinar y organizar la forma en que las personas se mueven a través de ese sistema, de ese “mundo” creado por el ingeniero. ¿Asusta? Realmente sí. Aunque quizás no debería extrañarnos tanto pues nuestra actual sociedad también ha sido creada y es actualmente sostenida por ingenieros sociales, aún y cuando no ostenten tal título que, dicho sea de paso, creo que solo existe en algunos países del mundo.

            La propuesta del Señor Jack Fresco es la de una sociedad basada en una economía de recursos. ¿Qué significa esto? Una economía encargada de administrar los recursos naturales del planeta en pos de que éstos puedan satisfacer todas las necesidades de los miembros de una sociedad. Esto se traduce como la desaparición de los antiguos sistemas de intercambio monetario o cualquier otra forma de permuta de bienes materiales. La economía de recursos del señor Fresco apuesta por una manufacturación mecanizada de las materias primas con que se fabrican los productos que consumimos diariamente, así como también una distribución equitativa de estos productos entre la población.  Estos cambios son acompañados de indispensables transformaciones en el sistema educativo y en nuestra forma de interactuar con el entorno pues, de otra manera, sería imposible concretar semejante empresa. El cambio a este tipo de sociedad no es algo que pueda llevarse a buen término sin antes modificar las prioridades, la conducta y los valores de los individuos que deben participar en ella. Esta idea también está contemplada en el proyecto. Me gustaría citar parte de la respuesta, publicada en thevenusproject.com, en donde se cita el primer paso para empezar el proceso de concientización:

“No podemos, como usted ha dicho, ‘montar la primer ciudad y esperar que las personas la respeten’ o acepten. En primer lugar, las personas deben ser informadas acerca de esta dirección y debe ser presentada de un modo aceptable para el público común. Creemos que necesitamos realizar una película que ayude a presentar un sistema de valores sostenible y que esto es una necesidad primordial para la construcción de la ciudad o la planificación del centro. Este nuevo sistema de valores es necesario para poder lograr el cambio. Describirá una serie de valores más apropiados para nuestras necesidades de supervivencia y prosperidad. […]”

            Esto es solo una pequeña parte de un gran emprendimiento cuya puesta en práctica ya ha empezado. No se trata de crear solo una película. El proyecto Venus, para bien o para mal, no es el plan urdido por una secta o un grupo de ignorantes en busca de atención. Esto, justamente, es lo que debe ponernos en alerta. Existen mucho dinero e influencias que han debido ponerse en marcha para conseguir la gran difusión alcanzada por el movimiento Zeitgeist y Venus Project. Cada vez son más las personas que, directa o indirectamente, están entrando en contacto con la filosofía que mueve todo este proyecto. Los métodos utilizados son pacíficos y eficientes... ¿invasivos? Tanto como lo son las artimañas de control de conducta que nos han arrastrado hasta donde estamos hoy y de las que hablaré más adelante en el texto.

            Es en este punto donde me gustaría explicar, brevemente, algunas de las preocupaciones expuestas por los detractores de este proyecto, en su mayoría escritores independientes y librepensadores que también han de ser escuchados. Queda implícito en la naturaleza del proyecto Venus que debe existir una concientización y educación de las masas que garantice una especie de “control voluntario de la natalidad”, tal y como lo describe este proyecto.        De otro modo sería mucho más costoso, en términos de esfuerzo, administrar y economizar los recursos naturales. Por no mencionar que podrían incluso escasear si se abusa de ellos. Este “control de la natalidad” puede entenderse como una necesidad del nuevo sistema. Sin embargo esto podría entrar en conflicto con las necesidades individuales de algunos miembros de la sociedad. ¿Qué sucedería con las personas que quieran tener una gran cantidad de hijos? El proyecto Venus nos explica que los cambios propuestos para la educación, la comunicación entre las personas y en las actividades cotidianas, así como también en las prioridades que han dominado la vida de la gente hasta hoy, conducirán naturalmente a una conciencia más respetuosa con el medio ambiente. Esto incluye el autocontrol de la natalidad.

            Esto nos conduce a otra pregunta. Si este proceso es el resultado de una concientización de la población… ¿es entonces infundado el miedo de los detractores de Venus Project en este aspecto? No necesariamente. Aunque no estoy en desacuerdo con las acciones pasivas de control de la natalidad también considero que debemos estar muy atentos a las declaraciones de estas organizaciones pues de lo contrario podemos caer en la trampa de participar en la creación de un mundo que finalmente limite, aún más que en la actualidad,  nuestro campo de acción. A favor de los detractores debo recomendar que se revise exhaustivamente el currículum social del señor Jack Fresco y se ponga en evidencia su verdadera relación con el Ku Klux Klan, la masonería y con algunos dictadores. En su website se menciona su paso por el Ku Klux Klan como un ingreso voluntario cuya finalidad fue la de intentar acabar con esta organización racista concienciando a sus miembros. Esto es, ciertamente, algo que solo había oído en la leyendas griegas (todos recordaréis al Caballo de Troya). Sin embargo, y aunque las relaciones de Fresco con estas organizaciones me ponen en verdadera alerta, no es mi intención condenarle sino advertir a las personas que le siguen sobre la importancia de participar activamente en todos los niveles de la creación de su sociedad basada en una economía de recursos.

            Se trata de que no perdamos nuestra capacidad de crítica y de asegurarnos que los caminos escogidos resulten ser un paso adelante en la búsqueda de una mejor sociedad y no al contrario.

            Quien aún no se haya enterado de los planes de Venus Project le recomiendo empezar a buscar información al respecto. El interés por conocer estos movimientos sociales tan propagados puede salvarnos de caer, una vez más y como ha sucedido hasta ahora, víctimas de las manipulaciones de nuestros hermanos más “despiertos”. El conocimiento es la mejor arma que podemos empuñar para evitar que estos hombres nos conviertan en marionetas de su teatro particular. No me refiero a informarnos únicamente acerca del Proyecto Venus sino de estar al tanto de todo el panorama político y social que nos rodea.

            Mi auténtico deseo es que no dejemos que una sola persona, organización o gobierno, al margen de sus buenas intenciones, decida sobre nuestros destinos. Tenemos la obligación de reflexionar sobre el mundo y sobre nosotros mismos. Debemos hallar el equilibrio adecuado entre la crítica y la colaboración, esforzándonos en materializar los ideales que beneficien nuestra calidad de vida y nuestra evolución como especie. Creo, sinceramente, que si luchamos por encontrar alternativas a nuestros problemas sociales seremos capaces de crear una sociedad aún más equilibrada que la propuesta por Venus Project y, por descontado, una mucho más eficiente y en armonía con nuestras auténticas necesidades que la actual.

PEQUEÑA REFLEXIÓN:

            Las leyes sociales bajo las que nos movemos, basadas en un conjunto de normas “morales” que seguimos aún y cuando muchas de ellas no se corresponden con nuestras creencias personales o con nuestros instintos y sentimientos más primitivos, son parte de esa ingeniería social creadora de nuestra actual forma de organización.  Si casi todos nosotros, en mayor o menor medida, nos mostramos de acuerdo con esas leyes y este sistema es sencillamente porque, aunque muchas veces no seamos conscientes de ello, han existido y existen métodos que se utilizan para modelar nuestra conducta en pos de que se avengan a las ideas del diseñador de la sociedad y a sus propósitos. Un ejemplo claro y moderno de método de control y homogenización, si se me permite este término, del pensamiento grupal es la televisión. Los programas y películas que seguimos nos enseñan una y otra vez los mismos modelos de conductas que nuestras neuronas espejo (recomiendo leer sobre este tema) asimilan y nos conducen a imitar. He hablado de “modelos”, en plural, porque son varios. Sin embargo y en resumen todos ellos nos conducen a una clase de comportamiento globalizado que, como ya he dicho antes, armonizan con las ideas del diseñador.

            En este aspecto es importante destacar que la conducta humana no solo se ha moldeado como consecuencia directa del conjunto de esfuerzos realizados para satisfacer nuestras necesidades primarias sino también, y en gran parte, como consecuencia “forzada” de nuestra evolución social. Dicho de otra manera, una conducta configurada por aquellos esfuerzos que los seres humanos realizamos para satisfacer las necesidades de la red social en la que nos movemos y que, en muchos casos, poco o nada tienen que ver con nuestra esencia. ¿Por qué, entonces, el ser humano muestra comportamientos y se desarrolla dentro de sistemas desacordes con su naturaleza?  Creo que la respuesta posiblemente se encuentre en una vieja ley de la selva: la ley del más fuerte. Aquel hombre con dotes de liderazgo superiores obra a través del conjunto para satisfacer sus propias necesidades y llevar a cabo sus ambiciones personales. El líder se transforma en el creador del sistema dentro del que nos desarrollamos. No obstante no debemos olvidar que, aún y cuando el líder crea que actúa en favor de todos, su empresa es, en mayor o menor medida, un conjunto de acciones egoístas cuyos resultados estarán siempre sujetos a sus limitaciones personales.

            Por este motivo mi intención no es otra que la de promover el libre pensamiento, o lo más parecido que se pueda conseguir, aconsejando el aprovechamiento de todos los recursos de información a nuestro alcance, en especial los de propagación menos manipulada. No se trata de apartar de nuestras vidas los medios de comunicación masivos sino de incorporar aquellos sistemas que, por su baja cota de difusión, manejan información más versátil y menos contaminada por los cánones de conducta diseñados para el control. El resultado de asimilar y organizar toda esta información en nuestras mentes nos vuelve menos vulnerables a las manipulaciones y, en última instancia, obliga a los líderes y al sistema social a superarse, readaptarse o perecer.

            Existen muchos caminos, al margen de lo que nos han enseñado y hemos querido ver hasta ahora, para desenvolvernos como individuos, para resolver nuestros problemas, para interactuar con las personas de nuestro alrededor. Alternativas que solo podremos ver si ejercitamos diariamente nuestra capacidad de observación. Observar y comparar las relaciones sociales de otras culturas y de otras especies de animales. Finalmente, asimilar aquello que nos aporte algo nuevo y positivo para nuestra evolución.



Leandro G. Baraglia

jueves, 10 de febrero de 2011

¿CUÁNTA LEY PUEDES COMPRAR?



        Hace muy poco me apunté a un website para buscar empleo y me he encontrado con una desagradable sorpresa. Es probable que muchos de vosotros conozcáis  Infojobs.net. Para aquellos que desconozcan esta entidad os contaré que es un website dedicado a mediar el intercambio de información entre empresas que buscan trabajadores y particulares que buscan empleo. Seguramente existan más páginas como ésta en los distintos países que conforman esta sociedad sedienta de poder económico. En principio la idea puede parecer un empeño noble o, al menos, una empresa en la que todo el mundo sale beneficiado y nadie perjudicado. No obstante, el sistema funciona así: Las personas que demandan empleo se inscriben gratuitamente en este website y despliegan sus datos personales rellenando los “campos obligatorios” para validar el alta como usuario registrado. Una vez completado el proceso de registro, el candidato navega por la lista de ofertas con la posibilidad de inscribirse en la que más le interesa. Es entonces cuando se le da dos opciones: una se llama “Inscripción gratuita” y la otra “Inscripción Premium”. ¿De qué se trata esta segunda opción? Según ellos mismos explican, este “paquete de alta” le ofrece al candidato un informe actualizado de datos basados en la información de otros usuarios inscritos en su misma oferta. El informe contiene edades, experiencias laborales, estudios, salario deseado y mucha más INFORMACIÓN PERSONAL de personas que han confiado su Currículum Vitae a esta entidad. Aún y si los nombres de los usuarios quedan al margen de esta patética transacción, las estadísticas vendidas están formuladas a partir de información personal que, en principio, solo debía estar a disposición de la empresa que el usuario particular escoge. Es entonces cuando me pregunto ¿Dónde quedan los límites a la hora de negociar? ¿Dónde está la ley de protección de derechos? Esto solo puede traducirse de la siguiente manera: Gobierno y Ley son subalternos del capital. Gobierno y ley NO ESTÁN para servir al pueblo sino al sistema que, por otra parte, solo existe para beneficio de un grupo específico de la sociedad. La “democracia” no es más que una etiqueta fraudulenta pues el nombre que mejor le encaja a un sistema que margina a la mayoría de los elementos que lo conforman es “oligarquía”. Por ende, no nos engañemos más, no dejemos que empresas, gobiernos y medios de comunicación nos sigan tergiversando la realidad que percibimos cada día: hay miles de personas muriéndose de hambre y sed allí afuera. Hay guerras librándose a unas horas de avión de nuestras casas, conflictos que, a pesar de lo que intentan vendernos, poco tienen que ver con Dios o la religión y mucho con el control  de masas, de territorio y de poder. Somos billones los sometidos, billones los educados para servir en lugar de haber sido instruidos para ser críticos, constructivos y racionales.  Esto no va a terminar hasta que nos demos cuenta que no solo son los gobiernos y las empresas quienes hacen el sistema. Somos nosotros mismos quienes lo alimentamos. Infojobs obtiene ingresos por publicitar empresas en su espacio web. A su vez  cobra a los anunciantes una buena suma de dinero por acceder a la lista de candidatos apuntados a sus ofertas de trabajo. Por otra parte, también recibe dinero de aquellos particulares que, en pos de obtener ventaja, pagan por conocer la información privada de sus “competidores”. Somos nosotros quienes voluntariamente permitimos que empresas como Infojobs sigan existiendo. Empresas y particulares deberíamos dejar de anunciarnos en este website u otros similares. Esta entidad bien podría haber facilitado un intercambio limpio y seguro de información entre empresas y trabajadores, obteniendo beneficios, únicamente, a través de la publicidad y no de acciones tan deplorables como las que lleva a cabo. Lamentablemente éste es solo un pequeño ejemplo, de tantos otros, en donde la aplicación de la ley es relativa a los ingresos de quienes estamos bajo su “amparo”.
        Para finalizar, me gustaría dejar una reflexión para los escépticos que aún sienten que el sistema social no es algo sobre lo que tenemos control, ni una realidad tan catastrófica que requiera un cambio inminente: No creo que sea justo apreciar los fallos de la actual organización social únicamente comparándola con nuestra experiencia personal. Debemos ampliar nuestra visión del mundo y darnos cuenta que no es una simple exageración pensar que la mayor parte de la humanidad esta marginada por el sistema. Esas personas son reales y no una simple estadística o una imagen con la que entretenernos en los telediarios, ellos EXISTEN aunque su voz no quiera ser escuchada. Esta visión solo puede alcanzarse a través del ejercicio de la cultura, observando a nuestro alrededor con atención y buscando la empatía con nuestros semejantes. Todos los acontecimientos que nos han traído hasta aquí, para bien o para mal, han sido sin duda determinantes para nuestra evolución, nos han hecho ser quienes somos hoy día.  Sin embargo no necesariamente debemos ver estas circunstancias, este sistema que ha gobernado nuestras vidas hasta ahora, como algo inalterable. Debemos contribuir al cambio pues nuestro ciclo de aprendizaje tiene que continuar y nuestras metas trascender. Creo sinceramente que para empezar a recorrer esta nueva etapa debemos derrumbar los antiguos órdenes. Cuando seamos conscientes de esto estaremos dando el primer paso hacia una nueva realidad más armónica en relación a nuestras necesidades actuales.
        A los señores que descansan en la cúspide de la pirámide social, inmutables entes corrompidos por el poder, solo quiero decirles: Devuélvanme el cerebro… porque he decidido empezar a utilizarlo.

Leandro G. Baraglia

“Primero vinieron a buscar a los comunistas y no dije nada porque yo no era comunista. Luego vinieron por los judíos y no dije nada porque yo no era judío. Luego vinieron por los sindicalistas y no dije nada porque yo no era sindicalista. Luego vinieron por los católicos y no dije nada porque yo era protestante. Luego vinieron por mí pero para entonces ya no quedaba nadie que dijera nada".
Martin Niemöller

¿VIVIR O SUBSISTIR?





Quien tenga la sensación de que nuestro actual sistema social, el capitalismo bajo todas sus máscaras, no es tan nocivo como parece o como algunos, los llamados “pesimistas”, lo evidencian, deberían buscar opiniones entre las millones de personas marginadas del sistema. Millones de seres humanos discriminados, segregados del conjunto por diversos motivos, principalmente por la falta de alimentación, sanidad y educación, pero de las que no se escapa otra clase de marginados sociales que, a pesar de estar provistos de estos tres elementos básicos para una “existencia digna”, entran en esta consideración por la marginalidad con la que se tratan sus ideas, opiniones que sencillamente son rechazadas por no encajar en el paradigma cultural aceptado. Esta clase de discriminación es muy usual no solo en altas esferas sino en la experiencia cotidiana entre las personas, quienes fácilmente cedemos ante los pensamientos triviales, ante la crítica fácil, sin darnos cuenta de que esta clase de actitudes sumergen a nuestra sociedad en un bucle de ignorancia que limita el verdadero progreso.
Quizás estéis de acuerdo conmigo, tal vez no. En cualquier caso podríamos debatir sobre esto todo el día y no conseguir más que entretenernos o experimentar una fugaz sensación de alivio, producto del desahogo emocional Por este motivo, quienes deseen que todas aquellas ideas útiles y provechosas para el buen desarrollo del ser humano, en todos sus ámbitos de experiencia, no solo sirvan para calmar por unas horas la constante sensación de insatisfacción que nos produce el sistema social al que pertenecemos… si verdaderamente queremos hacer algo por nosotros mismos y por todas aquellas personas que desafortunadamente no tienen ya fuerza ni medios para luchar contra este sistema corrupto e ineficaz, entonces debemos empezar a ser consecuentes con las filosofías más “elevadas” que casi siempre admiramos pero que nunca ponemos en práctica.
El primer paso para el cambio consiste en despertar del ensueño en que estamos sumidos: la vida de las miles de personas que pasan sus días en la miseria no es una desafortunada estadística, es una realidad en la que podría haber caído cualquiera de nosotros y en la que aún podríamos caer. De hecho el sistema social actual tiende a crear pobreza. La mayor parte de las personas pierden poder adquisitivo con cada año transcurrido, al tiempo que los auténticos beneficios recaen en círculos cada vez más pequeños. Esto no es la consecuencia de una crisis económica pasajera sino de una organización social que en ningún momento, desde su nacimiento, fue concebida para traer prosperidad a las masas.
El mundo no es solo una pantalla de televisión en donde ver las desgracias ajenas, sentado en el sofá, negando con la cabeza. Las consecuencias de esas desgracias, que observamos con tan poca empatía, algún día llegarán a nosotros como la ola expansiva de una explosión. Absolutamente todo está conectado.
¿Cómo iniciar un cambio? Si reconocemos que la causa principal del control de masas es la ignorancia, creo que un buen primer paso sería empezar a hacer uso de nuestra libertad de acceso a todas esas ideas y conocimientos acumulados a lo largo de la historia. Información que circula por el mundo en forma de libros, documentales, películas, etc. Meditar sobre todas estas ideas, aprender, buscar, descubrir, tomarse un momento cada día para reflexionar sobre la experiencia diaria con el objetivo de alcanzar soluciones que nos ayuden a impulsar la evolución de nuestra sociedad.
Si hacemos el esfuerzo de pensar en esto veremos que existen millones de maneras, a pequeña y gran escala, de hacer una contribución positiva al mundo. Debemos esforzarnos por hacer un cambio en nuestros hábitos de pensamiento y de comportamiento. Dicho esto me pregunto ¿Estamos dispuestos a reemplazar progresivamente nuestros prejuicios por ideas útiles? Si la respuesta es afirmativa, considero que el mejor día para comenzar este ejercicio mental es hoy. Es necesario comprender que la mente humana necesita mantenerse en constante movimiento. Por esta razón creamos los conflictos. Vistos desde un punto vista macroscópico nuestros problemas, la mayoría de las rivalidades que surgen de la interacción con otros seres humanos, no son más que un grano de arena en el gran reloj del universo. Aún así son necesarios para la salud de nuestra consciencia, para mantenerla en actividad. La consciencia seguirá sirviéndose de estos problemas en tanto no le presentemos una opción diferente para ejercitarse. ¿Qué quiero decir con esto? Que el mecanismo de supervivencia del cerebro busca la actividad como único objetivo y lo mismo le da conseguir esta actividad mediante la creación de conflictos o de ideas útiles para la vida. Es ahí donde debemos intervenir, educando nuestros pensamientos, redirigiéndolos hacia actividades más provechosas. Ésta es tan solo una pequeña idea que surgió de mis reflexiones y, aunque creo que su puesta en práctica traería grandes implicaciones, estoy seguro que si seguimos concentrados en hallar soluciones prácticas a los problemas de nuestra sociedad surgirá la manera de darle un vuelco a este sistema social fallido en el que se han movido nuestros antepasados y que nosotros seguimos sosteniendo.
Por otra parte, la actual organización social tiene un fallo tan acusado que el hecho de que no lo veamos pone en evidencia la necesidad imperante de cambiar el programa tradicional de educación, una doctrina esclavista y globalizada cuyo eslogan es “debes ser alguien en la vida”, aludiendo a la escalada de posiciones dentro del sistema económico al que, lamentablemente, se lo trata como un objetivo en sí mismo en lugar de como una herramienta. Esta clase de educación es la que nos ha acostumbrado a ver y a vivir como “normales” y “aceptables” situaciones que en realidad nos perjudican o, si se prefiere, que no nos benefician. Las preguntas que deberíamos hacernos son: ¿En quién recae el verdadero beneficio de nuestro trabajo? ¿En nosotros? Si es así… ¿Porqué pasamos más tiempo preocupados por lo que debería ser la solución al problema que por el problema en sí mismo?
Me explicaré mejor. Se supone que la organización social surge para facilitar la vida del hombre. Dicho de otro modo el sistema debe servir al hombre. Sin embargo la realidad es que somos nosotros quienes estamos al servicio de este sistema. Nuestra vida se basa en el mantenimiento de esta “organización” cuando debería ser al revés. Si el sistema social basado en la acumulación de capital nos trae más preocupaciones que soluciones entonces debe ser reemplazado por otra forma de organización. Si lo pensáis detenidamente vivimos concentrados en el progreso económico como si esto fuera un objetivo en sí mismo, cuando la razón de este sistema debería ser quitarnos el peso de las preocupaciones mundanas, de los trabajos pesados, para poder concentrarnos en otras tareas. De eso se trata la evolución humana, de conseguir que el hombre trascienda sus objetivos. No os confundáis, no creo que el camino recorrido haya sido en vano o un error, sencillamente considero que es hora de avanzar. Es el momento del cambio.
Llegados a este punto vale la pena mencionar que no puede describirse a ningún sistema social bajo los términos de “malo” o “bueno”, sencillamente porque ellos no son más que herramientas y como tales su utilidad está sujeta a la mano que la empuña. En última instancia son instrumentos que deben servirnos para un propósito y que en ningún caso deben convertirse en el propósito en sí mismo. Un destornillador no envidia ni ama, ni odia a nadie, porque simplemente es un objeto carente de conciencia de sí mismo. Somos nosotros quienes damos a las herramientas un propósito que, según nuestra intención, puede traducirse en un objetivo noble o todo lo contrario. No obstante prefiero hablar en términos de “utilidad” más que de “nobleza” o “moralidad” pues esta última, aunque suene controversial, no es más que un virus que evoluciona en la terrible enfermedad del “miedo”. Si lo meditáis un poco veréis todos los males de esta sociedad son producto del miedo.
De esta manera, hablando en términos de “utilidad”, podríamos decir que cualquiera que sea el sistema concebido para organizar al pueblo debería ser usado de manera que sea útil a nuestra vida y productivo para el conjunto al que llamamos humanidad. ¿Por qué motivo debería pensar en el bien de la humanidad en general? Sencillamente porque el bienestar individual es inherente al bienestar del conjunto. Una sola manzana podrida en la caja es capaz de contaminar al resto. Así mismo una sociedad de marginados es la receta infalible para una sociedad enferma.
Os aconsejo de verdad tomar partido en esta lucha, que no es otra cosa que una batalla en pos de la verdadera libertad. Os aconsejo tomaros un tiempo para reflexionar sobre todo esto, sobre el mundo, el pasado, el futuro, sobre vosotros mismos. Distraerse de vez en cuando es sumamente necesario pero no debemos dejar que, como he dicho antes, la distracción se convierta en el objetivo. Si dejamos que esto pase convertiremos nuestras vidas en un barco sin vela, a merced del viento y las inclemencias del tiempo. Invirtamos buena parte de nuestro tiempo haciendo del pensamiento un ejercicio de provecho que al fin y al cabo nos traiga beneficios perceptibles y significativos a nuestras vidas y a la del conjunto.




Leandro G. Baraglia